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Luz de los creyentes: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”   (Jn.1, 14)

 

 El evangelio de hoy nos deja dos mensajes maravillosos que son síntesis de la Navidad:
 -Dios se hace hombre: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”.
 -Jesús nos hizo hijos de Dios: “A los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios”.
 La encarnación, es decir, el hecho de que Dios se haya hecho hombre en Jesús, tiene una gran consecuencia: vale la pena ser hombres, puesto que Dios se hizo hombre. En la balanza de la humanidad, no pesan tanto las miserias de todos y cada uno de los humanos sino el hecho de un Dios hecho hombre que comparte las sonrisas y las lágrimas de la vida en la tierra. Dios se hace hombre no sólo para que lleguemos a ser sus hijos sino, en primer lugar, para enseñarnos a ser humanos. 
 La Palabra de Dios también se hizo carne para darnos a conocer el verdadero rostro de Dios. Jesús es la imagen visible del Dios invisible. Es la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a la humanidad.
 Nosotros hacemos a Dios a nuestra imagen y semejanza. Como nuestro ideal supremo es la grandeza y el poder, concebimos a Dios inmenso y omnipotente. Jesús viene a sacarnos de esa visión y nos revela a un Dios pequeño y débil, niño como Él en Belén. Lo hizo así para que nos sintamos acompañados en nuestra pobreza, impotencia y pequeñez; para decirnos que Dios es amor, porque sólo el amor lo iguala todo. Por eso Él se hace hombre, para compartir nuestros problemas humanos, conviviendo y compadeciéndose con nosotros. Al mismo tiempo, se hace hombre para igualarnos a Él, haciéndonos participes de la divinidad con su gracia.
 Este tiempo de Navidad, es tiempo de contemplación y admiración ante las sorprendentes manifestaciones del amor y de la solidaridad de Dios: por Jesús y en Jesús nos hizo sus hijos adoptivos.  
 Somos hijos de Dios, pero nos basta poseer este título de una manera formal, sino de gustar, de desear y vivir verdaderamente como hijos de Dios.
 En los comienzos de este nuevo año veamos en Dios al Dios que es amor, y procuremos comportarnos como verdaderos hijos de Dios abriendo nuestros oídos, nuestros ojos y todos nuestros sentidos, para recibirlo en nuestras vidas. Dios nace cada vez que escuchamos su Palabra y la intentamos hacer vida. Dios es Palabra viva que no puede quedarse encerrada ni parada. La Palabra, que se hizo carne para habitar entre nosotros, no es para que la guardemos, sino para compartirla, para hacerla testimonio, para que entre en otros y nos lleve al encuentro con Dios. Nuestra tarea como hijos de Dios es ser luz que ilumine el camino de nuestros hermanos.     

Jesús, Palabra del Padre,
necesitamos escuchar tu Palabra,
Necesitamos orientación para el camino.
Necesitamos tu luz para nuestra oscuridad.
Queremos llevar la verdad del Padre
a nuestros hermanos.
Que así sea.

Parroquia San Martín de Porres                                                                                                 

 

 
 
 

unnoba

 

 
 

 
 

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